
Hay que ver la de cosas que pueden pasa en una semana, el Martes tendemos una sobrina, (no es que sea adivino ni nada, es que nacerá por cesárea), el Miércoles empiezo en un nuevo trabajo, mejor pagado y mas accesible a mis conocimientos que el que tenia hasta ahora, de hecho hace tres años que andaba buscando un trabajo así y la paciencia ha dado sus frutos y por último, este fin de semana hemos inaugurado nueva sección en la página, en ella se expondrán trabajos de otros autores, en función de unos criterios de selección y de nuestro tiempo disponible para publicarlos, que ahora mismo es muy poco. Hemos decidido empezar por Francesc Isern, un ex-compañero de trabajo y buen amigo que en sus tiempos fue un buen fotógrafo, así que ya sabéis, tenemos a vuestra disposición una modesta galería de arte.
Por cierto, las fotografias, que no venian al caso, las hicimos ayer en el valle de Ordino, a 2300 m de altura, mientras en algunas zonas la sequía es cada vez mas preocupante, aquí el agua practicamente dibuja los paisajes y la nieve sigue estando presente en todas partes.



Sueño. En las calles corren los leones a ocupar sus asientos de tribuna para ver al gentío despedazar sus zapatos apretando el paso. Cientos de luces pareadas pasan en procesión bajo mi ventana y alguien de un arrebato sale al balcón y grita. Atadme! No pienso saltar a vuestro vacío! . El gris se come el grito y el silencio se lo traga la calle.
Pensaba que algunas cosas no acababan en los andenes de estación volando entre las hojas sueltas de periódico que se zarandeaban sin recato entre los pies de los que esperaban, algo, alguien. Pasó tres años contando baldosas para saber a donde dirigirse y ahora encontraba que había dado la vuelta al cuarto 1.240.354 veces. El mismo cuarto donde dejó volar mariposas titánicas que levantaron con su aleteo sus pies del suelo mas de una vez hacia sueños polares, donde el abrazo que conocía usaba chaquetas con olor a calma chicha. Desde allí cayó hace un momento haciendo un ruido seco que apenas duró lo que dura un saludo a un desconocido que vende globos. Y ya no están , ni los globos, ni existen desconocidos a los que saludemos. Las cosas han cambiado y ya no tienen el sabor a café recién hecho ni duran lo que los viejos relojes que marcaban menos minutos a los que esperaban , algo, alguien.
