Pensaba que algunas cosas no acababan en los andenes de estación volando entre las hojas sueltas de periódico que se zarandeaban sin recato entre los pies de los que esperaban, algo, alguien. Pasó tres años contando baldosas para saber a donde dirigirse y ahora encontraba que había dado la vuelta al cuarto 1.240.354 veces. El mismo cuarto donde dejó volar mariposas titánicas que levantaron con su aleteo sus pies del suelo mas de una vez hacia sueños polares, donde el abrazo que conocía usaba chaquetas con olor a calma chicha. Desde allí cayó hace un momento haciendo un ruido seco que apenas duró lo que dura un saludo a un desconocido que vende globos. Y ya no están , ni los globos, ni existen desconocidos a los que saludemos. Las cosas han cambiado y ya no tienen el sabor a café recién hecho ni duran lo que los viejos relojes que marcaban menos minutos a los que esperaban , algo, alguien.
Pasaron horas hasta que alguien la encontrara con las alas abiertas contra el suelo con la mirada lejana como siempre había mantenido mucho antes de ser efímera.
Nunca supo cual era el momento apropiado para abandonar el meridiano sobre el que daba vueltas constantes haciéndola pensar que era centrífuga por naturaleza ,y que aquello, hacía que nada en su vida quedase pegado a ella aunque untara su piel con otras que lamían sus ausencias hasta hacerla por unos segundos mas ligera. Arqueaba el cuerpo como en un acto orgásmico y planeaba en sentido contrario a las agujas del reloj.
Cabe esperar que así fue hace un instante, antes de oír como caía tras cerrar la puerta, después de decirle que me llevaba las huellas del cepillo de dientes.
Yo no lo la conocí nunca demasiado , y sin embargo la empiezo a echar de menos. Ella no era efímera pero se canso de esperar en los andenes.

La entiendo perfectamente...
Impresionante.
Vamos, que me gusta todo.
Gracias.
M.
Aunque nadie se atreva a pensarlo mucho, todos somos efÃmeros.
Me pregunto si esta mariposa tendrá algún parentesco con las libélulas del otro cuento...
No lo habÃa visto asÃ, debe ser alguna extraña atracción por los insectos que vuelan. O quizás es simplemente la fascinación por volar....