Sin sentidos: Enero 2004 Archives

No te conozco. Qué me importa tu realidad confusa, perpendicular a mi mundo. Puede parecerte desapacible mi incomoda reflexión, pero cuantas veces me has proyectado tus apreciaciones contra la pared y las he tenido que esquivar hábilmente tras aprender en un curso acelerado de funambulismo que lo que cae al vacío es lo que no debe seguir suspendido. Toda una ley física para poder llegar a ti a través del afilado espacio que recorro con la mirada descalza, desnuda a fin a cuentas , de palabras , de actos de fe. Qué desacertado sacrificio, y sin embargo qué sentido único el que encuentro buscándote ,quimera insatisfecha, puta entre mis preferidas. No voy a librarte de mi incongruente pasión por las curvatura de tu labio superior que me aborrece, lo sé.
Jamás nadie te besará con tanta incondicional hostilidad como yo.

Factor camaleónico

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Me he vuelto de color ocre y las pestañas se me tornan naranjas. Deduzco que he colocado la mirada sobre un tarro de mermelada.
Esta faceta camaleónica es mas bien embarazosa. Ayer se me sentó en las rodillas un señor sin bigote y cómo explicarle que no era parte del medio de transporte en el que viajaba. Él insistía en mi color de felpa gris y mis rayas bicolores en la espalda. A estas alturas agradezco no haber tenido uno de esos días que me paso el recorrido mirando al suelo, ahora inevitablemente tendría pisadas de un 38 , un 42 y un chicle pegado en la nariz. Incluso mi vida social se ha resentido. Ya no puedo ir al cine con mis amigos, ven intolerable que capture las palomitas en pleno vuelo con la lengua .
También mantener una pareja me es tarea imposible, el último se empeñaba en comprarme un terrario y el anterior no soportaba mi color verde musgo cuando nos besábamos en el parque. En fin, de todas formas tiene una ventaja considerable.
La de
d
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(moon.tse)

Desde Octubre.

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Podría tratarse de un día cualquiera si no fuera porque esa mañana me envolvió un viejo recuerdo en sus manos, y en ellas me quise quedar durante horas. Dejé que mi mente volase al raso sin pensar que podrían congelarse mis pies y acabé andando en puntillas escondidas para no despertar mi sueño. Se me adormecieron los minutos que no querían pasar por las agujas del reloj y así las hubiera dejado sino hubiese querido seguir recibiendo su pasión en cartas sin remite.
La última la abrí en Octubre, y la esparcí por el aire para leer entre líneas. Quise permanecer tumbada mirando al techo imaginado combinaciones de palabras, dibujando con los dedos otras cartas, otras líneas.
Y así acabé contrayendo un recuerdo que me hizo sentir mínima, atrapada en su textura de tela de araña una y otra vez. Con el tiempo se ha hecho crónico e incurable . Espero sólo el paso del tiempo y que me consuma sin piedad la piel cada noche

...

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Como las notas de un instrumento extraño, perfectamente desafinado, entras en mi mundo, navegas en mis mares y te desvaneces en un instante para reaparecer después convertida en mariposa, frágil y hermosa. Prescindiendo de todo, pidiendo nada, ignorando al mundo, viviendo en el. Te sonrojas con los pequeños detalles gratuitos y rechazas los opulentos, sueñas despierta que estas soñando que sueñas y me seduces, me superas, me derrotas, me amas..., y te amo.

Se me queda el discurso añejo cuando llega a tu oído, vaciado ya del peso de mis pasadas palabras de amor, por eso escribo en borradores.
He recogido los adioses que fuiste dejando pegados en los punto y a parte de nuestras conversaciones de ascensor y los he encuadernado por volúmenes esperando que un día vuelvas a firmarme la dedicatoria. Incluso he pintado un óleo de blanco sobre blanco para recordar tu ausencia y he arañado las paredes para marcar lo que fue tu espacio compartido.
A cada paso por la casa debo mirar a izquierda y derecha para cruzar los pasillos con temor de ser atropellado por tu recuerdo que quedó rebotando contra las paredes. Apenas si me deja dormir el ruido desacompasado que deja como si se tratase del latido de mi casa enferma que te echa en falta.
Los vecinos creen que me he vuelto loca y han colocado alambre de espino en sus puertas por miedo a que les invada mi estado de ánimo. La escalera se ha convertido en una zona de hostil a donde debo salir agitando una bandera blanca para no ser acribillada por sus comentarios. Se han convertido en francotiradores a destajo escondidos tras sus mirillas con punto de mira telescópica.
Si un día vuelves y ves que el polvo se ha comido tus huellas no es porque dejé de recordarte sino porque quizás las utilicé para huir de mi misma una temporada y despistar mi rastro. Te enviaré postales sabiendo que no las recibirás con aquello que dejé de decirte. De todas formas, fue un placer.

PD

Me incorporé teniendo una sensación de vacío en el estómago. Me tomé un vaso de agua, dos, una botella de dos litros y aún seguía igual, exceptuando un ligero oleaje entre mis costillas que provocaba que mi cadera se insinuase al andar como salida de una secuencia de "Con faldas y a lo loco" sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Mi culo recordaba la cabeza floja de aquellos perros colocados en las traseras de los coches.
Al salir sentía que el viento me traspasaba como si fuera un jersey de lana, así que opté por enroscarme al abrigo a riesgo de parecer una crisálida de temporada .
En el autobús observé una muchacha de color rojo ofuscado que discutía con el conductor porque se había pasado su parada. Paradójicamente yo iba pensando en ello cuando casi me paso la mía. Fue entonces que quise mirarme al ombligo antes que seguir hurgando en el ojo de aquella joven cuando lo vi. Tenía un enorme hueco ovalado a la altura de mi estómago. Entendí entonces aquellas cosquillas a modo de vértigo en los días de verano que yo traducía en estar enamorada. Y aquella angustia por semanas que me hacía buscar algo sin saber el qué para tapar lo que no sabía que me faltaba. No me había percatado hasta entonces, porque como la mayoría, miro poco mi propio ombligo.
Ahora entendía por fin por qué me sentía completa a tiempos parciales. Y por simpatía advertí el detalle de que los demás aludían esa misma sensación. Conocí un hombre que tenía un agujero similar en sus manos, me dijo que hasta que se dio cuenta de ello no entendía como todo lo que trataba de alcanzar se le escapaba sin remedio. No pudo retener nada en su vida , ni siquiera su soledad para acompañarlo. Sólo sabía dar porque no podía quedarse con nada para sí mismo. Era un hombre dibujado con trazos de resignación.
En cambio conocí otros - muchos , demasiados - que tenían un agujero a la altura del corazón. No sentían vacíos, ni cosquillas en el estómago, y no sufrían por no retener las cosas importantes. Era tan pequeño su agujero que sólo me fijaba cuando sus hombros o sus codos puntiagudos me sacudían en la calle para hacerse paso (Reflexión) -Nunca he podido saber que sensación les producía , ellos decían no sentir nada-.
Yo a veces tengo uno en el centro de mi cabeza, como un huevo de pascua alojado encima de mi nariz. Lo noto cuando tengo uno de esos días que no puedo retener nada en la cabeza, ni números, ni versos, sólo oigo como me silban los oídos y apenas conozco que olvido, permaneciendo en estado de omisión durante horas, a veces días.
De todas formas he aprendido a vivir con mis agujeros emocionales aunque no me acostumbro a la sensación de vacío, de viaje sin mapa, de dejarme algo cada vez que salgo de casa o de mi misma.
En fin, los mas pequeños los transformo en piercings para paliar el vació con ornatos de titanio. Eso sí , nunca en el ombligo, trato de mirármelo mas a menudo desde entonces.

Metas

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Tratando de alcanzar una de mis metas he tirado al suelo uno de mis frascos de cristal. Al mirar hacia abajo no logro distinguir si los pedazos que se reparten por toda la cocina son de lo que había en el interior del frasco o son los restos de otra meta que ya no podré disfrutar.

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